COSMIC PSYCHOS
DEADYARD
GOOD SNIFF
Sala Upload
, Barcelona
22.04.26

Triple sesión de punk rock y high energy en la sala Upload del Poble Espanyol, que estuvo rozando el sold out, para una noche que generó endorfinas para el resto de la semana. Tres propuestas diferentes en concepto y sonido, pero complementarias en postura y capacidad de arrollar desde encima del escenario a un público ávido de sensaciones viscerales, en las que zambullirse y sudar las miserias de la rutina diaria.
Quizás no es buena forma de comenzar esta crónica con el final de la noche, pero esa foto es como el colofón a una buena sesión de rock en estado puro.


Abrió la Caja de Pandora el dúo de Victoria Good Sniff, compañeros de gira y país de los Psychos. Con una juventud insultante para el resto del cartel, Lachie Brown a la batería y voz junto a Elias Hodson al bajo, fueron una buena sorpresa para las orejas. Practican un sonido cercano al grunge en algunas ocasiones, pero que hacen crecer con una arrolladora personalidad. Brown es un excelente batería con un punch demoledor y muy variado a la hora de la pegada, que resulta muy gratificante; contando con una buena voz para la atmósfera que crean. El otro componente del proyecto, Hodson, necesita un párrafo aparte.
Rasga el bajo como si fuera una guitarra, utilizando una amplificación basada en un pedal octavador, logrando duplicar la señal y, según la necesidad del tema, añadir una o dos octavas por encima (agudos) o por debajo (graves). Hodson crea un entorno muy denso que es parte esencial del sonido de Good Sniff; como si estuviera tocando al mismo tiempo guitarra y bajo.
La entrega y calidad de lo que se presenciaba logró que el escaso público del principio de su show saliera más que complacido, al mismo tiempo que los que llegaban tarde y viendo lo que se perdieron, renegaran.

Llegó el turno de la segunda descarga, que iba a ser apuntalada por Deadyard, banda que desde su vuelta a los escenarios no falla una. A estos muchachos les da igual subirse a un gran escenario como el del Sintonitza de Santako, o esconderse al final de la barra del Psycho Rock and Roll Club, que una vez comenzado el show expulsan todos los demonios que llevan dentro.
Eso fue precisamente lo que hicieron en Upload, sala que les va de perlas, comenzando con un explosivo «The Scapist Song», para redondear tres cuartos de hora de auténtico apocalipsis sonoro.


Provocaron los primeros pogos en la olla, se volcaron con desenfreno en cada uno de los temas; de esta manera sonaron poderosos «Old & Ungry» y «The Boys Are Out», ambos maltratados por las gargantas de todos nosotros, mientras Rau y su bajo recorrían el escenario de punta a punta para arengar a la marabunta de primera fila. Lo de este hombre es todo compromiso y fuerza.
Las dos guitarras se entrelazaron perfectamente, dejando que en esta ocasión Carlos Santolobo tuviera más protagonismo que en anteriores conciertos disfrutados por Bad Music; Xavi Morell sigue marcando su espacio a base de riffs y movimientos contagiosos, que bien pueden destrozar algunas vértebras.
Hoy era la noche de los baterías, pues las baquetas brillaron en las tres propuestas; Marc Morell ejerció de locomotora del grupo, con su pegada contundente y percutiva; mientras el gran frontman de Deadyard, Pablo Migraña, se desgañitaba entre los chivatos a pie de escenario. Un concierto tremendo, que incluso llamó la atención de Ross Knight de los Psychos, que no se quiso perder la actuación de la banda catalana, disfrutando junto a la mesa de monitores. Deadyard consiguió que media sala nos quedáramos afónicos, sobre todo con «Armageddon It!», y eso refleja bien lo vivido.


Turno para los viejos granjeros de Victoria, que aparecieron en el escenario igual que lo deben hacer en el porche de casa, después de ordeñar las vacas de su parcela; con una parsimonia desmotivadora, se tomaron sus minutos para beber cerveza, colgarse los instrumentos, mirar de reojo el bullicio de primera fila con cara de sorprendidos, para poco a poco colocarse cada uno en su posición.
El más joven de ellos, BC Michael Marks, ya ocupaba su puesto en la batería desde hacía rato. Ross Knight se colocó a nuestra izquierda, con su viejo bajo, sus tejanos cortados, su camisa de trabajo y la gorra de béisbol desgastada con unas gafas de sol encima. Por su parte, John ‘Mad Macka’ McKeering, a nuestra derecha, bajo su guitarra, un pantalón corto de deporte, una camiseta descolorida con lejía y la boca abierta, que prácticamente no cerró en toda la actuación.


Toda esa pachorra mencionada desencadenó una tormenta sónica sin precedentes al sonar los primeros riffs de «Pub», tema cuyo título refleja muy bien lo que hacen estos veteranos del punk rock australiano; y es que en ese mismo tema encontramos la esencia punk, punteos más cercanos al heavy, más un final que roza la psicodelia garagera.
No cabe duda de que tienen el oficio bien aprendido, y allí donde no llegan las fuerzas escasas de la edad, suplen con una sobredosis de ruido bien ejecutado. Volvemos a destacar la labor del batería, que con su dominio del instrumento deja total libertad a los dos socios de delante. Y en más de una ocasión le situaron en fuerza de juego, pero Marks tenía un ritmo fijo para aguantar a los mayores.

Knight es quien manda y eso se ve rápidamente; también es quien está más castigado, pero lejos de achicarse, usa su bajo como arma arrojadiza y su voz amenazante en ocasiones no deja duda de que estamos ante un capo en toda regla.


Sin apenas hablar, van cayendo temas: «Nice Day To Go To The Pub», «Feeling Average» y «Rip N Dig». El moshing vuelve a organizar un oleaje de cabezas que no pierden el ritmo circular, mientras que Macka, como quien no quiere la cosa, va dejando caer auténticas dosis de gran calidad como guitarrista, eso sí, con la boca abierta. Su manejo del instrumento es notable y aporta una vitalidad enriquecedora al punk que practican.
Los más atrevidos intentan hacer stage diving, pero nadie consigue surfear por encima de las cabezas del resto. En el escenario, Cosmic Psychos superan todas nuestras expectativas y se van haciendo grandes, casi gigantes, con una solvencia digna de maestros; es cuando uno piensa que la prensa yanqui les consideró padres del grunge antaño.


«Dead Roo», «Better, Not Bitter» suenan salvajes y eso provoca cierta estampida de saltadores, logrando el éxito en más de una ocasión; o como dicen que hizo Moisés, una chica abrió un pasillo, pero no de las aguas, de los brazos y el sopapo que se escuchó me sigue doliendo a día de hoy.
Los amigos Ross y John se lo pasaban de lo lindo, y comenzaban a permitirse bromas entre ellos, siempre como alejados del público, lo que curiosamente provocaba más complicidad. Los solos de Macka eran más elaborados y encima del público, hasta que cuando se llegaba al final del bolo, se echó la guitarra a la cabeza, se hizo un «hendrix» por el morro… Este hombre me dejó boquiabierto a mí.


Un concierto de lo más divertido que he visto en mucho tiempo; bien elaborado, ejecutado según los planes, sorprendente en muchos aspectos, entrañable en la mayoría, sincero y honesto como el que más, y enloquecedor cuando surgió el himno «I Like Beer» y agotador al salir de nuevo al mundanal ruido. Hay que repetir con estos granjeros veteranos y gamberros.
Texto: JLBad
Fotos: DBruc


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