Jornades Musical a l’Ermita de la Pietat
Mike Ross Band
L’Ermita de la Pietat
, Ulldecona
23.08.26

En un paraje excepcional, un santuario adosado a las paredes de la Mola de Godall o Serra de l’Ermita, en el noroeste de Ulldecona, se celebró otra de las jornadas musicales organizadas por la Associació Les JMEP, que alcanzaba su vigésima segunda edición este año. La Ermita, que conserva estructuras del románico (siglo XIII) y gótico (siglos XIV y XV), ofrece una plaza amplia donde se organizan los conciertos, con una balconera a 235 metros sobre el nivel del mar, y desde la cual se puede visualizar el extenso valle de la Foia de Ulldecona.
Esta tarde de domingo se presentaba uno de los reclamos artísticos más atrayentes de todo el ciclo, el británico Mike Ross y su banda, que en esta ocasión estaba formada por Darren Lee en la batería y el inefable Jokin Salaverria al bajo.
No se había escondido todavía en sol cuando comenzó el show, y lo hizo con un tema oscuro y a la par psicodélico, «Leviathan», que pertenece al álbum The Clovis Limit Pt.2 Transitions, editado en 2020. Con una cadencia zeppeliana y una guitarra slide embarrancada en los pantanos del blues, se agenció la atención de todos los presentes. Qué buena manera de comenzar.


A partir de ahí, se diluyó en el tiempo y espacio algo más de hora y media de concierto, que en todo momento nos mantuvo en lo más alto, sin bajar la guardia. «Ungly Brain» se adentra en sonidos netamente americanos con un toque especial a The Band, donde el bajo de Jokin comienza a tomar protagonismo, como cuando lo vimos en su proyecto Sotomonte, desgraciadamente aparcado temporalmente, o en Upload con Johnny Kaplan. La voz de Ross está fantástica y su guitarra se mueve cómodamente en la música de raíces. Siendo el slide un recurso preciado y que utiliza mucho para goce de los espectadores.

«None Of Your Business» es uno de esos temas que, aunque sea la primera vez que lo escuchas, puedes cantar los estribillos apoyando los estupendos coros de Jokin y Darren, que desde su tarima reparte simpatía a raudales, a la misma velocidad que los mamporros de baquetas.
Por fin se adentra en Electric Smoke 1, álbum al que más recurrió con seis temas, olvidando Electric Smoke 2, que fue ignorado totalmente. «Better Days» posee esa lírica familiar que desempolvaban los Grateful Dead cuando dejaban que el folk los invadiera por dentro; exhibe una guitarra mágica, de nuevo con slide, que nos hace pensar en una gran comuna, naturaleza y rock.

«Magic Bullet» nos obliga a mover el esqueleto, con ese riff que nos recuerda a The Black Crowes. Entonces es cuando te das cuenta de que estamos viviendo un gran concierto. Es cuando atacan con «Harpo», un rock de carretera con esa combinación de acordes que popularizaron tantas bandas como The Rolling Stones, George Thorogood o los casi desaparecidos ZZ Top. Un nivel adrenalítico va en aumento, sobre todo con el solo hard rock y sureño con el que despacha el tema.

Era cuestión de bajar el tempo, pero sin recortar calidad e intensidad emocional; nada mejor que un blues para esos quehaceres. «Grow In Your Garden» cumple a la perfección, y aunque en disco cuente con un Hammond maravilloso, que le mueve por la frontera del soul y el blues, aquí la guitarra y el bajo lo asalvajan y desgarra el ambiente.

Podríamos destacar todos los temas y no sería nada exagerado, pero no es necesario, pues la banda al completo y Ross en especial se lo estaban pasando bien y eso se traslada al respetable. El setlist fue generoso y recorrió muchos discos de su autoría, con pequeñas sorpresas como el reggae «Die Trying» del álbum Origin Story de 2021. El country rock «Fixing To Die» del magnífico Spindrift del 2014, disco del que también rescató otro blues en el bis, «Lazy», que sonó más psicodélico que en estudio, pero para nada nos quejamos.
La cosa terminó con otro dardo del Electric Smoke 1, y tal como comenzó, se despidió con un tema oscuro, «Broken Toy», en el que volvió a adentrarse en esa psicodelia que maneja tan bien, fluida, colorida, que rezuma sin necesidad de demasiados instrumentos. De lo mejor del show es cuando a medio tema bajan el ritmo y la batería de Darren y el bajo de Jokin dominan el ambiente disonante, como si cada uno quisiera largarse por su lado, pero los coros y la voz de Ross obligan a que cada cosa vuelva al lugar que le pertenece y poner de una forma lisérgica el punto final al concierto. Un gran lujo haberlo disfrutado rodeado de amigos y en un paraíso de montaña espectacular, como es la Ermita de la Pietat.
Texto y fotos: JL Bad


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