

LUKE WINSLOW-KING
Sala Razzmatazz 3, Barcelona
22.09.26
El martes pasado, La Guarida del Melómano, en la primera colaboración para Bad Music Radio, tuvo el placer de ver a Luke Winslow-King en la sala Razzmatazz 3 de Barcelona. Desde la cercanía que ofrece este espacio, pudimos disfrutar de la exquisitez e intensidad de una actuación impecable, marcada por la sensibilidad y profundidad que caracterizan toda su música.
Desde la primera vez que tuve la oportunidad de verlo —en la mítica sala Rocksound, el 18 de noviembre de 2016— hasta hoy, han pasado ya unos cuantos años. En este tiempo se evidencia una notable evolución en su propuesta; aunque mantiene su sonido arraigado al folk americano, al delta blues y a Nueva Orleans, el músico de Michigan avanza ahora bajo la influencia mediterránea y la de su inseparable amigo italiano, Roberto Luti. Juntos caminan hacia nuevas sonoridades donde trasluce un nuevo sol —a veces nocturno, a veces diurno— que llena sus composiciones de expresividad y sentimiento.

En este reencuentro, volvimos a verlo junto a la banda que lo ha estado acompañando últimamente, y esa complicidad se notó sobre el escenario. Y si a todos estos factores le añadimos además la más que excelente sonorización de la sala, cuya calidad ayudó considerablemente al éxito del evento, pocos peros podemos ponerle a la actuación de Luke Winslow-King.
A la guitarra estuvo el ya mencionado Roberto Luti, quien logró, con su instrumento y con el slide, algo que muy pocos consiguen: transmitirnos toda la intensidad y emotividad con la que tocaba.
Al bajo, Simone Luti ofreció una base muy sólida y sobresaliente. Curiosamente, Roberto (especialmente cuando tocó solo) logró marcar la línea de bajo y la solista al mismo tiempo, demostrando un virtuosismo impecable. Finalmente, a la batería, Piero Perelli mantuvo un toque enérgico y preciso tras una actitud impertérrita; solo cuando cogió las maracas empezó a sonreír de forma más abierta.

En esta ocasión vinieron a presentarnos su nuevo álbum, Coast of Light, publicado el pasado 27 de marzo, aunque en el repertorio no abundaron los temas del disco; más bien funcionaron como pequeñas pinceladas para ir mostrándolo poco a poco. Al escuchar este trabajo, se descubren ciertos cambios en los matices de la voz de Luke, acercándose a dinámicas que destilan unas veces nostalgia, con cierto aire crepuscular, pero que conviven con otros temas más juguetones, como sería “Destiny”. Esta introversión se hizo notar ligeramente en su forma de estar sobre el escenario, donde, sin dejar de ser accesible, moderó su simpatía natural.
Iniciaron el concierto con la juguetona y sincopada “Chicken Dinner”, a la que le siguió “The Leaves Turn Brown”, con ese aire a surf rock en el que el slide y el reverb reinaron entre lo lánguido y lo playero.













De cosecha reciente interpretó su versión en español de “In the Evening”, para dar paso a la canción que, a mi gusto, nos metió de lleno en el concierto, una hipnótica “Peaches”, que destila roots music por todos sus poros mientras las guitarras se entrecruzan creando densidad y tensión.
En la misma línea, pero más pesada, le siguió “Shoot From The Hip”, el primer tema que sonó de su nuevo álbum, con una voz entre desangelada y semihablada, acompañada por una guitarra que fue afilándose y subiendo de intensidad a medida que el tema avanzaba.
En el meridiano del concierto pudimos escuchar la esperada “Coast of Light”, un tema que el propio Luke nos contó que compuso inspirado por las aguas gaditanas cuando paseaba por sus playas. Se inicia como una balada íntima, donde se escucha a Luke sonando a media voz, cantando con el mayor cuidado, como si intentase no romper el encanto.
Tras dos temas más, apareció “What’ll We Do”, sexto corte del disco y de tono más ligero, para luego entrar en otra maravilla del álbum Coast of Light, la versión del tema “Lotus Blossom” de Sam Coslow y Arthur Johnston, donde su voz se rompe en otro momento cumbre del concierto.
Sí, en esta actuación se intercalaron momentos más íntimos con otros más cañeros, pero, en general, todos estuvieron cargados de pura emotividad.
No dejaré en el tintero la envolvente “If I Were You”, otro momento intenso en el que la dinámica de las guitarras va rodeando a una voz repetitiva y circular que nos hizo casi entrar en trance.
Cuando ya estábamos todos en medio de la catarsis, sonó la triste «Lissa’s Song», coescrita por Luke y Roberto Luti en homenaje a Lussa Driscoll, la reconocida música callejera de Nueva Orleans. La voz evocadora es contestada por un doliente slide. ¡Duele!
El último tema antes del bis fue la animada “Don’t Worry Your Mind”, a la que le siguió “Swing That Thing”, donde vimos a un Luke Winslow inusitadamente muy animado y a Piero Perelli, por fin, sonreír abiertamente.
Fue un show de una gran riqueza musical, en el que se intercalaron momentos emotivos y sentidos con otros ostensiblemente más bailables y festivos, como la vida misma.
¡¡¡Gran concierto!!!
Solo me queda dar las gracias, como siempre, a promotores como Rocksound que, ajenos a todos los inconvenientes del negocio musical en estos tiempos y a la cada vez más alarmante apatía de muchos sectores del público, continúan defendiendo siempre los reductos más difíciles y menos comerciales del rock y el blues y no desfallecen en la impagable labor de acercarnos la mejor música.
¿Qué será de nosotros cuando estos altruistas musicales se cansen o desaparezcan?
¡¡¡Ahí lo dejo!!!
Texto: Elena Ferrer Amaro
Fotos: Jose Antonio Serrano Sabate
Colaboración de La Guarida del Melómano






Deja un comentario